sábado, 27 de abril de 2013

El final de la cría de gorrión


Pienso en ti todos los días. Resulta curioso el hecho de cómo una obsesión cambia por otra en cuestión de segundos llevándose consigo la misma fuerza y efecto de la anterior. Aunque la cuestión no es esa, la cuestión es que pienso en ti todos los días, durante pocos segundos, durante unos minutos, durante algunas horas... Compulsivamente, y como no dejo de hacerlo-de pensar-, me acabo volviendo loco y me pregunto si quizás en ese momento tú también estés pensando en mí, por un microsegundo, por obra y gracia de la telekinesis.¿Y en qué pienso te preguntarás? Pues pienso en que nos volveremos a ver y me abrazarás, buscaré algo de sarcasmo retorcido para hacerte reír y luego, sin más, te besaré.

Pero nada de eso ocurrirá, porque quizás antes, yo deba aprender algo. Nada de eso ocurrirá, no. Porque tú no sientes nada por mí. Porque solamente piensas en una persona que no soy yo. Quizás esa persona te haya dejado roto, desiquilibrado, petrificado por el miedo...Quizás esa persona te haya vuelto tan loco como yo por ti. Lo único que espero, si por esperar pudiera esperar algo, es que esa persona, sea precisamente "eso", otra persona, y no tú mismo, porque, ante tal caso, no hay vuelta atrás. A partir de ahora intentaré ser sincero con lo que pienso, aunque las ideas que vienen a continuación sean contradictorias:

- A veces deseo que te sucedan cosas malas, que sufras, que fracases, que te pudras solo toda tu miserable vida, que nadie se acerque a ti y que te arrepientas de haberme dejado marchar.

- Otras tantas me despiertas un cariño y una necesidad de protegerte inmensos... Quiero conocerte, saber todo de ti y construir algo, lo que sea, contigo. 

Finalmente, recupero la cordura. Salgo a la calle para distraerme...me miran, los miro. Pienso en la cantidad de chicos que tiene que haber parecidos a mí, aquellos con los que pueda encajar sin tener que hacer un sobreesfuerzo. También pienso en aquellos que puedan estar pensando en mí, pero ésos ya no me interesan, el juego del amor es cruel con ellos como lo ha sido conmigo, de la misma forma que un día también lo será contigo. 

Y al final, te das cuenta de que esperar algo cuando no hay nada que esperar puede ser productivo también. Cada día mejoras facetas de ti mismo, facetas que desconocías, luchas por superarte, te vuelves más sabio, te empuja hacia las arenas movedizas de las que, si sales, seguramente ye harán más fuerte hasta que un día, sin más...


El niño mediocre y encaprichado que tenía miedo de ser él mismo se fue a sacar a su perra al parque...Una vez allí su perra se paró en seco para olisquear algo en el suelo..De repente, el niño que tenía miedo a ser el loco de la historia se fue corriendo hacia ella para reprenderla, pues pensaba que era una boñigota y no quería que su siempreconlasufientehambre perra se la comiese. La perra al ver a su dueño con los ojos mediosalidos salió por patas y lo que el niño enamoradizo, en un principio, pensó que era un truño, resultó ser una cría de gorrión que, viva aún, estaba empezando a ser devorada por montones de hormigas. 

- PARA QUIEN AÚN NO ME HAYA PILLADO, EL NIÑO SOY YO Y LA CRÍA DE PÁJARO, ERA SIMPLEMENTE ESO-. 

El niño se puso muy nervioso, no sabía cómo quitarle tantas hormigas de encima a la cría pero, poco a poco, lo consiguió, una tras una. Fue entonces cuando le surgió un dilema: ¿Qué haría con la cría? Estaba muy débil. Buscó su nido en vano, intentó dársela a una madre y a su hija que paseaban por allí más no aceptaron, luego pensó que él mismo podría cuidarla pero tampoco sabía cómo hacerlo y su madre pondría el grito en el cielo. La criatura, lo viese por donde lo viese, estaba condenada. Por lo visto, las crías de gorrión caen de los nidos huyendo del calor o porque se han peleado con sus otras hermanas. El porcentaje de supervivencia de una cría de gorrión es de un 50% en condiciones normales (con sus padres y en el nido). De manera que las soluciones disminuían. El niño no pudo resultar indemne ante tal sufrimiento, le dolía verla así...No quería que sufriese con su muerte. Tarde o temprano las hormigas y demás seres de la naturaleza se acercarían a su cuerpo para mutilarla, borrar su rastro y así continuar con la cadena alimenticia y, con ella, la vida. 

Tras mucho meditarlo, el niño decidió algo que iba en concordancia con su moral pero que le dejaría una huella en forma de cicatriz. Le costaba entender por qué a él, por qué se había tenido que cruzar con la cría, por qué sentía la obligación de asumir esa responsabilidad. 

El niño se despidió de la cría acariciándole la cabecita...y reflexionando sobre lo hija de puta que puede llegar a ser la vida en algunos momentos y sobre el sentido de todo...cogió una piedra de tamaño mediano y de un golpe seco hundió el peso de esta contra el cuerpo de la cría. 

Ese día se marchó a casa con impotencia y lágrimas en los ojos. 

Aquel día, casi sin darse cuenta, dejó de ser un niño. 

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